Introducción

El racismo tiene un gran impacto en la salud generando mayor morbilidad y mortalidad prematura en los grupos racializados1. El concepto de raza ha de entenderse más como un constructo social que como una categoría basada en la biología. Como tal, la raza es un concepto histórico y dinámico que varía según cada contexto social1, pero las consecuencias de la discriminación racial sobre una gran diversidad de indicadores de salud han sido ampliamente descritas en la investigación internacional en muy diferentes contextos2–5. De hecho, estas formas de inequidad en salud, se observan incluso cuando se ajusta por el efecto de las diferencias en el nivel socioeconómico entre grupos racializados2.

El sistema sanitario, como determinante de la salud, constituye una institución clave para comprender el efecto que el racismo tiene en la salud. Numerosos estudios, más abundantes en el contexto anglosajón, muestran que la discriminación por cuestión de raza, etnia y/o nacionalidad en el acceso y provisión de atención sanitaria constituye una barrera fundamental para disponer de acceso equitativo a los servicios de salud6–8. Desde el marco de la OMS sobre calidad en la atención se enfatiza que los servicios sanitarios deben estar disponibles, ser accesibles, aceptables y de alta calidad9. En este sentido, el racismo afecta los sistemas sanitarios a través de diferentes vías de discriminación entre las que se encuentran, las barreras idiomáticas, el no reconocimiento de las necesidades de personas con diferencias culturales, las barreras administrativas, los estereotipos y su influencia sobre diagnósticos y tratamientos10.

En Europa, y especialmente en el contexto español, el acercamiento a las desigualdades en salud y en la atención sanitaria de las personas racializadas se ha desarrollado fundamentalmente en torno a las desigualdades entre la población autóctona y migrante, tomando como referencia el estatus migratorio11. Sin embargo, la población racializada en España puede comprender no sólo a aquella población migrada (con su variabilidad y matices), sino también aquella población nacida en España que es, identificada como “no blanca”. Asimismo, la población gitana es también considerada una población racializada, que enfrenta discriminaciones en muy diversos ámbitos (por ejemplo, empleo, educación, vivienda, entre otros) y, en concreto también, en la atención sanitaria. Pese a la invisibilidad de estas poblaciones racializadas en el sistema estadístico, la dinámica social y demográfica nos interpela para conocer y abordar estos procesos de discriminación desde un enfoque de equidad en salud…

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