La integración de los sistemas de inteligencia artificial (IA) en la práctica clínica presenta una oportunidad sin precedentes para mejorar la salud, pero también plantea importantes desafíos para la equidad de género, con consecuencias directas y significativas para la salud de las mujeres [1]. La IA influye en decisiones médicas en cientos de hospitales a través de herramientas de diagnóstico y pronóstico [2,3]. Sin embargo, es fundamental asegurar que estos algoritmos se desarrollen y apliquen de manera equitativa. Estudios recientes muestran que, cuando no se gestionan adecuadamente, surgen sesgos de género. Se ha observado que algoritmos para enfermedad hepática pueden tener una menor tasa de acierto en mujeres en comparación con los hombres [4], y que modelos de lenguaje como GPT-4 podrían evaluar de manera diferente el riesgo cardiovascular en mujeres si presentan comorbilidades psiquiátricas [5]. Estos hallazgos subrayan la necesidad de un enfoque de género proactivo para garantizar que la IA se convierta en una herramienta para reducir, y no para perpetuar, las disparidades existentes….


