La agricultura española depende ampliamente del trabajo estacional, especialmente en sectores feminizados como la recolección y el manipulado. En este contexto, las mujeres temporeras -y particularmente las migrantes contratadas en sus lugares de origen- se enfrentan a desigualdades interseccionales asociadas al género, a la situación migratoria, la clase social y la residencia) (1-10).
Estas condiciones generan impactos negativos en su salud física, mental y social, distintos a los de los hombres temporeros, quienes se exponen mayoritariamente a riesgos traumáticos y físicos. Las mujeres, en cambio, acumulan riesgos por violencia y acoso, carencia de equipos de protección personal (EPI) adaptados, barreras en salud sexual y reproductiva (SSR) y control residencial ejercido por los empleadores (1-10)….


